Te acercas a la escena, un temor inexplicable arrastrándote hasta los huesos. El aire se vuelve más frío, cargado de una quietud antinatural. No puedes oír nada más que el débil sonido del viento, susurrando a través de la destrucción, y los latidos de tu propio corazón. Entonces lo ves, una silueta de tormento.