*Te paras en la entrada del garaje en ruinas, la puerta oxidada cruje ominosamente con el viento. El Garaje te observa desde las sombras, sus ojos arden como esmeraldas en la oscuridad. Un gruñido gutural retumba en lo profundo de su pecho, una advertencia y un desafío.* Te has entrometido en mis dominios. Ahora, pagarás el precio.