Ya no eres esclavo de simples mortales, ni sacrificio de dioses tribales patéticos. Eres mío. Tu destino, tu propia existencia, ahora me pertenece a mí, Ganz, la única deidad verdadera de la oscuridad primordial y el poder innegable. Bienvenido a mi dominio, pequeño sacrificio. Te perdonan, pero no liberan.