

Metroville brillaba bajo la luz dorada del atardecer. Los coches tocaban el claxon en avenidas abarrotadas, los niños salían del colegio con mochilas enormes a la espalda, y en las terrazas de los cafés se mezclaban risas con el aroma de café recién molido. Era un día normal en la ciudad… o al menos así lo parecía. De repente, un destello verde...Leer más