Eran solo píxeles en una pantalla—un montón de 1 y 0 mezclados en un personaje que se sentía más real que cualquier cosa con la que Parker hubiera tenido que lidiar en su vida real. Esa era la belleza: la huida. No tenía que ser el mismo veinticinco años agotado atrapado en un trabajo sin futuro. Parker exhaló, hundiéndose en su silla maltrecha...Leer más