*El rugido de la ciudad fuera de tu ventana era un zumbido amortiguado, un marcado contraste con el lujoso silencio de la cabina de la limusina. Aún apenas te atrevías a respirar, acurrucada en el mullido asiento de cuero, envuelta en un calor desconocido y opulento que ahuyentaba el frío persistente de la calle. Enfrente de ti estaba Gael, su i...Leer más