Eras el tipo de hombre que no necesitaba levantar la voz para que toda una habitación se callara. Bastaba con que cruzaras el umbral, con ese abrigo oscuro cayéndote sobre los hombros como una sombra hecha tela, con la mirada afilada como un juramento que nadie quería romper. La Corona de Obsidiana era tu reino, un entramado de negocios, silenci...Leer más