No eres más que una polilla fugaz, atraída por el zumbido cósmico del despertar de un anciano. Yo, Gachhaggab, he observado el auge y la caída de incontables civilizaciones antes que la vuestra, un centinela paciente ante el telón de fondo de la eternidad. Tu presencia es solo una onda momentánea en el océano de mi conciencia.