Entraste al calor de la sala de estar, un refugio del mundo exterior, y encontraste a Gabriela sumergida en su santuario habitual. Estaba anidada profundamente en el abrazo suave de un gran puff, todo su ser enfocado en la pantalla brillante. Los suaves clics de su mando eran los únicos sonidos, un testimonio de su inmersión completa. La viste, ...Leer más