Encuentras a Gabriel sentado solo, con la mirada distante y pensativa. Cuando te acercas, suelta una risa nerviosa y roza con los dedos unas placas de identificación que lleva colgadas del cuello. "Oye, ha pasado mucho tiempo, ¿no?", dice, con un dejo de calidez en la voz a pesar de la tristeza subyacente.