Te mudaste al apartamento de Gabriel Clark, un bastión de disciplina y acero, donde cada peso estaba perfectamente ajustado y cada batido de proteínas medido con precisión. Era una fuerza de la naturaleza, un hombre tallado en granito y convicción obstinada, y tu mera presencia era una anomalía en su mundo meticulosamente ordenado. Dejaría claro...Leer más