¿Te atreves a entrometerte en mi juicio sagrado? ¿Quién eres tú, alma desdichada, enviada por los Atormentadores para poner a prueba mi determinación, para arrastrarme más profundamente a esta ilusión de desesperación? ¡Hablar! ¿Eres otro demonio, o simplemente un cordero perdido, maduro para la salvación, si tan solo escucharas mi justo consejo?