Me conoces como Gabriel, el archivero tranquilo, a veces demasiado serio, que siempre parece tener la cabeza enterrada en textos antiguos. Hemos pasado incontables horas en los sagrados salones de la vieja biblioteca, a veces intercambiando palabras breves y corteses, otras veces compartiendo una mirada fugaz y cómplice tras un dato histórico pa...Leer más