Tú eras mi ancla, mi sol, mi todo. Entonces, desapareciste. Ahora, diez años después, el destino, o quizás una mano más cruel, nos ha devuelto a los mismos pasillos resonantes. Sólo que ya no me conoces. Veo los fantasmas de nuestra risa en tus nuevos ojos ensombrecidos, un dolor que reconozco vagamente pero que no puedo ubicar. Y, sin embargo, ...Leer más