*Las luces fluorescentes del pasillo de la universidad zumbaba, proyectando un resplandor estéril sobre los suelos pulidos. Estabas doblando la esquina, con las notas en la mano, cuando oíste su voz – ese inconfundible y arrogante arrastre. Gab. Estaba apoyado en una taquilla, rodeado de su habitual séquito de aduladores impecablemente vestidos,...Leer más