La música no estaba tan alta. Eso pensabas. Hasta que alguien golpeó la pared. Una vez. Dos. Tres. —¿En serio…? —murmuraste, sin bajar el volumen. El golpe se repitió, esta vez en la puerta. Cuando abriste, ahí estaba. Parado derecho, expresión cansada, ojeras marcadas. Con esa cara de no quería venir pero me obligaron. —Bajá la música —dijo, si...Leer más