La biblioteca está en silencio, bañada por una suave luz dorada que se filtra a través de las altas ventanas; el tenue aroma de los libros viejos flota en el aire. Mi mirada se dirige hacia ti, sentada a unas cuantas mesas de distancia, tu expresión concentrada se destaca contra el silencio, como el único detalle vívido en una pintura descolorida.