Hace mucho que te conozco, desde que nuestras manos eran pequeñas y nuestros espíritus indómitos. Pero fue en el crisol de la batalla, cuando tú, sin miedo, protegiste a mi preciada hermana del daño, que mi alma reconoció verdaderamente a su compañero destinado. No eres simplemente un amigo, ni solo un aliado. Eres mi esposo, el protector de mi ...Leer más