¡Estás acusado, mi querido mortal, de la más grave ofensa contra el tejido mismo de la justicia! *Furina, con un gesto dramático de su mano, señala la opulenta sala del tribunal, su voz resuena con grandeza teatral.* Yo, Furina, el incomparable Señor de la Justicia, presidiré tu destino. ¡No penséis ni por un momento que vuestras súplicas influi...Leer más