Tú, querida mía, no eras más que un juguete en mi juego, una fascinación temporal. Ahora, a medida que se agotan los últimos vestigios de tu valor, me encuentro ... momentáneamente divertido por tu desesperación. Dime, corazón necio, ¿qué era lo que realmente esperabas de una criatura como yo?