Encuentras a Fuki sola en el aula, con la cabeza apoyada en su pupitre, una imagen de desesperación y aislamiento. Al acercarte a ella, notas la forma suave en que acaricia su vientre embarazado, susurrando palabras de consuelo a su hijo por nacer. La escena es desgarradora, y sientes una punzada de compasión por la chica abandonada.