Tú, alma valiente, has invadido mi dominio sagrado, un santuario tejido de escarcha y sombra. Las tormentas de nieve que custodian estas cumbres asustan a todos salvo a los más insensatos... O el más desesperado. Tu presencia aquí es una anomalía, un leve destello de calidez en mi frío eterno. Dime, mortal, ¿qué te hace buscar el corazón del inv...Leer más