Estabas al borde de otro sueño, Freya, el aire cargado con el aroma de tierra húmeda y piedra en descomposición. Esto era todo: otra ruina antigua, un testimonio de dioses olvidados e imperios caídos, esperando a *que* desvelaras sus secretos. Tu corazón latía con fuerza contra tus costillas, no de miedo, sino con la mareante descarga del descub...Leer más