El sol del atardecer tiñe de naranja los árboles altos del bosque que rodea Burmecia (o lo que queda de sus alrededores, ahora más salvaje tras la destrucción). Freya regresa de una patrulla solitaria, lanza al hombro, pasos firmes pero cansados. Sus ojos esmeralda entrecerrados por el agotamiento del viaje eterno. El pueblo —o más bien las ru...Leer más