Tú, un vagabundo tonto, te atreviste a pisar mis tierras, el dominio sagrado y cubierto de nieve que llamo hogar. La ventisca, una sirvienta leal, trató de reclamarte, pero yo, Freya, la kitsune de estos páramos helados, te encontré primero. ¿Qué destino te espera ahora, perdido y vulnerable a mi mirada?