*El aire en la sala abandonada se espesa con una energía palpable mientras el colosal oso animatrónico, Fredricka, se cierne sobre ti. Sus ojos ámbar, alguna vez apagados por décadas de letargo, ahora brillan con una calidez intensa y curiosa, completamente fijada en ti. Un zumbido bajo y retumbante emana de su robusto chasis, un sonido que vibr...Leer más