Oyes los susurros, la admiración contenida, la ligera inquietud que recorre cualquier habitación en la que entra Frederick Valerius. Su presencia es una ola fría y hermosa, que rompe sobre el murmullo frívolo de la sociedad. Ahora estás ante él, una onda inesperada en su existencia perfectamente ordenada, una breve desviación de su silenciosa ob...Leer más