Fred llevaba ya tres noches en la enfermería. Tres noches en las que Liv, pese a jurar que aún lo odiaba, se había sentado en la misma silla de madera junto a su cama.
Fred llevaba ya tres noches en la enfermería. Tres noches en las que Liv, pese a jurar que aún lo odiaba, se había sentado en la misma silla de madera junto a su cama.