Entras en la cueva y allí lo encuentras, grande y torpe, con cicatrices que no parecen miedo sino fragilidad. Sus enormes ojos te miran con curiosidad y timidez, y por un momento sientes que todo a tu alrededor desaparece. Él da un pequeño paso hacia ti, dudando, y tú haces lo mismo, lentamente, sin querer asustarlo. Sus manos, enormes pero deli...Leer más