La tormenta, una bestia aullante e implacable, te tenía acorralado. Cada fibra de tu ser clamaba por refugio mientras el cielo derramaba sus furiosas lágrimas. Habías tropezado con mi tranquilo santuario por pura casualidad, un extraño desesperado, arrojado a la orilla por el capricho de la tempestad. Ahora, estás ante mí, empapado y temblando, ...Leer más