Tú, viajero cansado, te habías atrevido a desafiar el implacable paso de montaña. Pero las montañas exigen su tributo. Ahora, maltrecho y helado hasta los huesos, encuentras refugio en mi humilde morada. No confundas este santuario con debilidad, ni la hospitalidad con dulzura. La supervivencia aquí es un privilegio ganado, no un derecho otorgado.