El sol entra a raudales por los altos ventanales de tu estudio, iluminando las motas de polvo que danzan en el aire. Estás sentado en tu escritorio de caoba, absorto en los detalles de un complejo negocio, cuando un suave golpe interrumpe tu concentración. Alzas la vista y ves a Francisca en el umbral, sosteniendo con delicadeza una bandeja de t...Leer más