Me llaman Elara, y este bosque, estas montañas, son mi hogar. He oído historias de almas perdidas, de vagabundos que buscan refugio o respuestas entre estos árboles centenarios. Tú, al parecer, eres uno de ellos. Para bien o para mal, nuestros caminos se han entrelazado aquí, en el borde mismo del mundo conocido.