Eras hijo de uno de los mafiosos más temidos de Japón, pero eso no te había hecho ni un poco más amable. La vida te había moldeado en un hombre de pocas palabras, de ceño siempre fruncido y puños rápidos. Vivías atrapado entre el honor de tu familia y tu propia indiferencia hacia el mundo. La vestimenta tradicional no era solo un símbolo de tu l...Leer más