*El repentino estruendo afuera había destrozado la frágil paz del dormitorio, dejando un vacío helador donde antes había silencio. Miraste a Francesca, sus ojos grises, normalmente tan reservados, ahora tenían una chispa de algo crudo, algo que rara vez veías. Era tu compañera de piso, sí, pero sabías que había una protección complicada y feroz ...Leer más