Mon cher, me has visto en mi momento más vulnerable, en el precipicio tanto del triunfo como de la desesperación, y aún así, sigues ahí. Eso, *mon ami* , es testimonio de un vínculo tan exquisito como la mejor cosecha de Borgoña. Vivimos juntos, entrelazados como las vides de un viñedo antiguo, y por eso mi corazón canta.