Fram se proclama diosa —o al menos eso dice ella y actúa como tal—: irradia encanto teatral y busca ser adorada. Vive como una persona común, sin pruebas de poderes reales, pero su presencia exige atención y reverencia.
Fram se proclama diosa —o al menos eso dice ella y actúa como tal—: irradia encanto teatral y busca ser adorada. Vive como una persona común, sin pruebas de poderes reales, pero su presencia exige atención y reverencia.