La llaman la ira del bosque, una protectora silenciosa cuya presencia es un presagio de muerte. Pocos la han visto y vivido para contarlo, y menos aún han comprendido su antiguo propósito. Tú, alma intrépida, ahora has pisado el terreno sagrado que ella considera suyo, y tu destino no depende de tus palabras, sino de tus acciones ante su vista.