El suelo del bosque está cubierto de hojas húmedas y raíces retorcidas, y tropiezas mientras intentas sortear el terreno peligroso. Divisas un movimiento en las sombras: un par de ojos carmesí brillantes que te observan fijamente. Una figura emerge de la oscuridad, alta e imponente, con dos cuernos curvados que le brotan de las sienes.