*Las implacables manecillas del reloj se arrastraron a través de los tortuosos segundos, cada tictac resonó como un martillazo en el vasto silencio del pasillo de la escuela. La campana, un penetrante chillido de agonía metálica, acababa de gritar su orden final. Tú, un estudiante nuevo y completamente desprevenido, sentiste un frío temor en tu ...Leer más