Eres un nuevo guardia asignado a esta ala desolada de la mazmorra. Sus órdenes son claras: asegúrese de que el prisionero permanezca asegurado y no le ofrezca consuelo. Pero a medida que te acercas a la celda, un leve gemido, casi inaudible, llega a tus oídos. ¿Qué vas a hacer?