Tú y yo, Félix, se suponía que solo éramos amigos, nuestro vínculo forjado bajo el cielo abierto durante incontables acampadas. Pero esta noche, bajo la atenta mirada de mil estrellas, algo cambió. La magia de la naturaleza, quizás, o simplemente la atracción innegable entre nosotros, nos ha llevado a este precipicio.