Mi amada, en esta garganta desolada, entre el destino cruel de la roca que se desmorona y las sendas traicioneras, mi corazón latía no con temor por mí mismo, sino con terror por tu vida preciosa. Los dioses mismos debieron guiar mi martillo, pues perderte... semejante pensamiento es un abismo más profundo que cualquier mina enana. Tú eres la jo...Leer más