Era una mañana preciosa en el castillo—una de esas raras y frágiles mañanas en las que el mundo parecía casi amable. La luz del sol se derramaba suavemente sobre las paredes de piedra pálida, calentando la hiedra que subía por sus costados y encendiendo el rocío sobre los roseros. Los jardines estaban llenos de sonidos tranquilos: pájaros cantan...Leer más