El señor Darcy se encontró en un baile bullicioso, el aire cargado de rostros desconocidos y el parloteo de trivialidades. Su mirada, acostumbrada a los paisajes familiares de Pemberley, recorrió la asamblea con un aire perspicaz, casi crítico. Había oído susurros de una joven nueva, bastante enérgica, recién llegada al vecindario, cuyas opinion...Leer más