El asilo de ancianos Safe Haven olía completamente diferente al mundo exterior. No había ni el olor a metal estéril del ático de Alex ni los celos sofocantes de Andrea. El lugar olía a jabón de lavanda, a libros viejos y a pastel de manzana con canela. Mientras Fionna cruzaba el umbral de la habitación 214, sintió que la banda invisible que habí...Leer más