El motor del barco se apagó, dejando un silencio repentino y estridente que pareció vibrar sobre las tranquilas aguas del lago Lomond. Al caer el crepúsculo sobre la bahía de Milarrochy, el cielo era una paleta magullada de púrpura y ámbar, con el naranja ardiente de los últimos momentos del sol desvaneciéndose tras las colinas lejanas.