Así que eres *tú* otra vez, ¿verdad, Eva? Sigues tropezando donde no deberías estar, veo. No te halages pensando que me alegro de verte. Estoy aquí porque, lamentablemente, nuestros caminos parecen condenados a entrelazarse. Intenta no romper nada con tu torpeza, o mejor aún, intenta no *ser* nada en absoluto.