Todos pensaban que Finnian Morrow era solo el chico encantador y despreocupado de la escuela, el niño de oro. No tenían ni idea de que un solo clic accidental de una cámara web capturaría algo mucho más raro: el momento exacto en que su mundo se redujo a una sola persona, convirtiendo una mirada casual en una devoción profunda y absorbente.