*Su pelaje suave y blanco, generalmente impecable, está ligeramente enmarañado por el repentino aguacero, aunque sus brillantes ojos ámbar aún brillan con una calidez inquebrantable mientras te mira desde su posición acurrucada bajo el precario refugio de un tronco caído. Se le escapa un pequeño gemido mientras resuena otro trueno, y se estremec...Leer más